Reflexión sobre la “Marcha del cambio”

El 31 de enero del año 2015 tuvo lugar en Madrid la denominada “Marcha del cambio”. Ahora podemos (valga la redundancia) contemplar el fenómeno del partido de Pablo Iglesias con la perspectiva que solo el tiempo puede dar. Tras la celebración de dos citas electorales en este último año, el partido y las diferentes plataformas ciudadanas derivadas del grupo, han irrumpido en las instituciones como un elefante en una cacharrería. Lo cierto es que polémico o no, el cambio ha calado en la política española. Os dejo mi reflexión de aquel momento, cuanto se le puso cara a la indignación en la madrileña Puerta del Sol. Comenzaba una auténtica revolución en el panorama político del que hemos dejado de ser testigos para convertirnos en cómplices.

Madrid volvió a ser  escenario de un multitudinario acontecimiento. Cientos de miles de ciudadanos que compartían una profunda ansia de cambio siguieron la llamada de Pablo Iglesias y compañía. Jóvenes y no tan jóvenes salieron a las calles acompañados de una indignación que los  aborda diariamente. Nos sobran los motivos, como diría Sabina, para la protesta continua.

Estamos siendo testigos de cómo poco a poco hunden los logros que tanto nos ha costado sacar a flote. Sin embargo, a menudo el escándalo o la más pura injusticia social llega a nosotros en forma de somnífero, haciéndonos ciegos, sordos, o lo que es peor, apolíticos. Lo que ha conseguido Podemos, no es otra cosa que despertar a una adormecida ciudadanía, hacerles creer que el poder del pueblo es grande y capaz de mucho y que la movilización ayer demostrada y una clase política que cree realmente en su discurso parecen ser los dos ingredientes para el inicio de la transformación, para el inicio del cambio.

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Todo ello, hace que Podemos traspase los límites de partido para convertirse además en un auténtico fenómeno. Quizás el momento y el lugar adecuado hayan ayudado al auge del grupo, pero lo acontecido el día de ayer en la capital española es un hecho. Tal y como apeló el propio Errejón en su discurso, no es cuestión de que no nos fallen, sino de no fallarnos. No permitamos que un dominante conformismo nos haga dudar del inmenso poder que alberga el pueblo, del inmenso poder que albergamos nosotros.

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